Y mientras, de nuevo en casa, suenan otro tipo de melodías: voces familiares que se deshacen en bienvenidas, gritos infantiles que llenan de vida, expresiones por todas partes que hace una semana (a 1500 km de aquí) era yo la única que las decía. De nuevo toca acostumbrarse a otro estilo de vida. La ventaja es que este lo tengo ya más que controlado; la desventaja, demasiados proyectos en mente para menos de dos meses. Seguiré envidiando a los que saben aburrirse en verano.
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Habrá que ir asumiendo que ya somos "ex-Erasmus"... pero Perugia, siempre tendrá un lugar privilegiado en nuestro presente. Porque todas las vivencias pasadas definen nuestra posición en el futuro y las que aquí tuvieron lugar, no serán fáciles de arrinconar en la memoria.
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