Cuando los estudiantes regresamos a la realidad tras un tiempo aislados, dedicados en cuerpo y alma a nuestros trabajos finales, nos encontramos conque los políticos son "clavaditos" a nosotros. Se pasan en vela la noche anterior a la entrega de su proyecto para terminarlo "a prisa y corriendo". La diferencia es que no deberían confiar en que siempre podrán volverse a presentar en junio o en septiembre. Las consecuencias de un suspenso en medidas contra el cambio climático deberían haber conseguido que se pusieran las pilas.
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Quizás debamos resignarnos a creer que dejarlo todo para el último momento es una debilidad humana. Pero después de dos semanas de cumbre, de dos años transcurridos tras el compromiso de Bali, un acuerdo de mínimos sabe a poco y, es más, deja un mal sabor de boca.
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